martes, 23 de octubre de 2007

La vie en... rouge

Yo soy de esas personas que no se muerden la lengua (y pelos en ella tengo pocos, aunque sea uno de los pocos sitios). Pero este domigo, con la nerviosismo de la carrera, la tensión porque íbamos a llegar tarde a nuestra cita y la concentración para no pisarme los cordones de las botas mientras bajaba las escaleras con la basura se me olvidó por completo que estaba mascando un chicle y...

RASSSS!!

Mordisco espectacular, y de pronto el dulce sabor de la sangre (al menos de la mía, que es la única que he probado... por ahora UUUUHHAAAA!! -Risa sardónica-) excitaba cada papila gustativa de lo que me quedaba de lengua.

Todos sabemos que la baba es cicatrizante (por mucho que estudios científicos hayan demostrado que la proteína NGF encontrada en la saliva de los ratones y que causa que las heridas se curen en la mitad de tiempo no ha sido encontrada en la baba-humana) así que un mordisco en la lengua, a menos de que te la parta por la mitad, duele un poco pero se pasa rápido. Sin pensarlo mucho nos dirigimos al lugar donde habíamos quedado (tras tirar la basura y abrocharme los cordones) y entramos en el restaurante. Al ir a lavarme las manos no pude vencer la curiosidad y abrí la boca para ver el destrozo.

"Y mis dientes?" me pregunté "por qué han cambiado de color?" "Esta baba mía, debe de estar caducada porque no cicatriza bien. Pediré una cerveza a ver si se pasa"


Bebí cerveza, comí pato (debía estar un poco crudo porque lo notaba algo sangrante) y al llegar a casa parecía como si el tiempo no hubiera pasado, porque mi boca estaba exactamente igual de roja que hacía 2 horas.

Decidí emular una de las grandes escenas de una de las mejores películas y me serví un chupito de vodka, para desinfectar, esperando que la mezcla de los dos líquidos produjera un efecto similar al que le sale a Rick Deckard después de su lucha con Leon. El chupito entró bien, y el líquido rojo siguió saliendo igual de bien que antes. El siguiente paso era la aplicación de hielo, que aparte de enfriarme la lengua poco más hizo.

Así que nada, con la idea de que si a la mañana siguiente seguía sangrando me iba derechito al hospital a que me dieran unos puntos, me fui a la cama concentrado en no abrir la boca para no manchar la cama.

A las 5 de la mañana me desperté y noté toda la almohada babeada. Me toqué la cara con la mano y también acabó empapada. Me levanté con sigilo al baño para ver el estado de mi lengua y al encender la luz comprobé, no sin cierta satisfacción, que el líquido que cubría mi mano y parte de mi cara era transparente y que la herida de la lengua estaba perfectamente cerrada.

Ya sé que no está nada bien irse a dormir teniendo una herida abierta en el cuerpo, pero es que estaba taaan cansado, y además, la sangre no la perdía, no, volvía a mí, que es donde tenía que estar.

Eso sí, cuando me la mordí... QUÉ DOLOR!!!!




"Ahora me duele un poco menos, ya"

2 comentarios:

wen- dijo...

Pero qué animal....
Mira, para la próxima vez apunta:
vinagre o limon.
Jode que no veas, pero los resultados son inmediatos.
Lo de acostarte sangrando no es que sea muy brillante, pero dudo que te llegaras a desangrar por un mordisco en la lengua!!
Un besito y un " cura sana, culito de rana.." XD

Rodros dijo...

Me lo apunto, pero ya me está escociendo sólo de pensarlo. Y sí ya sé que acostarse sangrando no es brillante, pero si brillo no puedo dormir :)
Los cura sana me los quedo, vale, pero por los culitos de rana no te molestes, los puedes dejar donde están :)