A las urracas no les gusta el Wasabi.
Hace unos días, cuando la nieve cubría todo lo cubrible, arrojé un guisante recubierto de Wasabi a la capa de nieve que se había formado encima de un alero que hay cerca de la ventana de la cocina. Semanas más tarde, la nieve acabó desapareciendo, dejando a la luz un minúsculo punto verde.
Hoy a la hora de comer, una urraca que estaba posada en la terraza ha ido hasta el alero, ha picoteado el guisante que la lluvia de estos últimos días había descubierto, se ha puesto azul, ha tosido, se ha girado y nos ha dicho:

Eso sí, damos fe de que a las urracas sí que les gusta el cordero. Pero esa historia la contaré en otra ocasión.
Os dejo con un poco de son. El cuarto de Tula.
