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jueves, 24 de abril de 2008

Ya llegó

Consciente de que deseábamos con todas nuestras fuerzas que llegara, la cabrona se hizo esperar. Los árboles de la Schönhauser aún andan pelados, los castaños de la Kastanien apenas se atreven a enseñar sus conatos de hojas y que decir del árbol de nuestro patio... ese es un vago de cojones. Siempre es el último en despertarse, aunque luego es un poco crapulilla, porque cuando llega el otoño es el último en irse a la cama.
Sí amigos, así es, la primavera llega con todo su esplendor a Berlín. El sol sale y calienta. La gente se echa a la calle como si le fuera la vida en ello, riadas de bicicletas inundan las calles y serpentean entre las mesas de las terrazas. Si no llevas gafas de sol no eres nadie. Si no te tomas un latte macchiato en la calle no eres nadie. Yo sería alguien si no me olvidara siempre las gafas y si se sustituyese la maldita leche manchada por una cerveza como dios manda.

Ayer hacía fresquito por la mañana y la entrada al trabajo no fue nada halagüeña. Al minuto de estar sentado sonó el teléfono. Era mi jefe, que a pesar de estar de baja, sigue teniendo ide... ocurrencias. Esta vez se le había ocurrido que fuera otra vez a Adlershof a hacer unas medidas para determinar una cosa que quiere publicar. El plazo es el día 9 de mayo.

Primero llamé a Adlershof para preguntar si la máquina funcionaba o no y la respuesta fue afirmativa así que quedé en que al dia siguiente (por hoy) me pasaría. Luego llamé a un compañero para planear el experimento.

Está claro que si las cosas hay que hacerlas bien, hay que hacerlas bien, y para la ide... ocurrencia de mi jefe había que hacer las cosas MUY bien. Echando cuentas rápidamente y poniéndonos en el peor caso, las medidas habrían llevado 35 horas, sin contar la evaluación de los datos. Rápidamente me puse a escribirle a mi jefe un meil enumerándole las razones por las que NO iba a hacer lo que me había dicho (que por cierto era alguna más que la del tiempo), cuando de repente sonó el teléfono. Era el tipo de Adlershof para decirme que el filamento de la máquina se acababa de romper y que las medidas sería imposible hacerlas.

De todas formas acabé el meil, se lo mandé a mi jefe, esperé 5 minutos y le mandé otro diciendo que me acababan de llamar de Adlershof para decirme que no iba a ser posible medir. Qué a gustito me quedé! XD

Por la tarde estuvimos inaugurando la temporada de Biergarten. Primero una cervecita en el Café am Neuen See, luego un par más con algo de comer en el Prater y por último una más de propina de nuevo en el Prater.
La cosa tuvo su miga: en medio del paroxismo cervecil decidimos llamar a una amiga que vive cerca. La pobre aún andaba liada en el curro así que no podía venir. Cuando acabamos la cevezas y la comida e íbamos ya camino a casa nos llamó diciéndonos que si la esperábamos media hora. Vivir a escasos 50 metros del biergarten más antiguo de Berlín tiene sus ventajas; subimos a casa, pasamos por el baño, vimos un poco la tele y al cabo de media hora llamó nuestra amiga, bajamos al Biergarten de nuevo y seguimos con las rondas de cerveza al más puro estilo Fray Luis de León.

Una de las cosas buenas de vivir en Berlín es la primavera. Después de meses enteros sin apenas ver el sol, uno aprecia de verdad la primavera. Cuando en preescolar nos enseñaban las estaciones, yo lo veía como algo lejano y ajeno, cosas de pueblos de montaña. En Madrid no existe eso. Cuando voy en Navidad sigue habiendo hojas en los árboles. Voy en febrero y me tomo unas cañas en Olavide... así no hay quien valore nada!!

Es realmente una sensación maravillosa y aunque mañana llueva (que va a llover) ya estamos un poco más contentos!

Mientas sigo con mis células os dejo con Vivaldi.